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Refundación, la única salida

Por imanrique | El 26/04/2017 | Comentarios (0)

Una marca es una promesa de valor, debe reflejar las expectativas y la percepción que genera en su público objetivo.

Una marca es poderosa cuando representa una palabra en la mente del consumidor.

Bajo estas premisas el Partido Popular constituye un ejemplo de manual sobre cómo destruir una marca por el uso indebido de la misma, ya que cada vez son más las personas que asocian la palabra corrupción a dicha organización.

La gota que colma el vaso es la reciente dimisión de Esperanza Aguirre, reconocida cazatalentos y autoridad en diversas materias, pero incapaz de percatarse de la transformación sufrida por su renacuajo favorito en un vulgar sapo. Dimisión que debería bastar para repudiar una forma de hacer política basada en el amiguismo y en la devoción personal.

Lo cierto es que el PP es una organización que cuenta con más de 700.000 afiliados, y que un número aplastante de éstos no merece pasar por el desprecio que supone ser compañero de esa gentuza que protagoniza día sí, día también las portadas de los periódicos y las aperturas de los informativos.

Vicepresidentes de Gobierno, Ministros, Presidentes Regionales, Consejeros, Alcaldes y Concejales corruptos han destruído una marca que pertenece a gente honrada en su inmensa mayoría, extendiendo una sospecha delictiva generalizada que entorpece el ejercicio de la democracia y dificulta la homologación del propio Partido Popular como uno más en el arco político.

En un mundo hiperconectado, la sociedad reclama organizaciones transparentes y explicaciones sinceras, rechazando de plano el estilo de ruedas de prensa tras una tele de plasma y sin preguntas.

Una refundación no es solo algo cosmético, requiere voluntad y compromiso. Mariano Rajoy debe tomar la decisión que quizás las circunstancias le impidieron tomar la noche de la cita electoral del 26 de junio pasado. Mariano Rajoy debe hacerse a un lado y dar paso a otro modelo de organización, aunque su primer impulso sea el de esperar a que las ranas críen pelo.

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