Img 3860

Así empezó todo

Por imanrique | El 11/02/2022 | Comentarios (0)

 

Conocí a Gregorio Ordóñez en 1991, en una fiesta, casi por casualidad. Un amigo tenía unas invitaciones y me pidió que le acompañase, que solo un par de copas y a casa…  lo típico.

Igual viene Gregorio a saludar

Ya en la fiesta, empezó a comentarse que igual Gregorio se pasaba a saludar.

-¿Qué Gregorio? pregunté.

- Ordóñez, el político.

Yo había oído hablar de Gregorio Ordóñez, sí, pero tampoco mucho más.

De repente para la música y suenan aplausos y vítores de alcalde, alcalde… era él.

Simpático, intenso, directo, no dejaba a nadie indiferente.

Otra anécdota

Sucedió en el año 93. Gregorio asistía a un coloquio en la Facultad de Derecho de San Sebastián, y la cosa no pintaba bien porque los de Ikasle Abertzaleak  se habían encargado de calentar el ambiente con su típica cartelería intimidatoria. Pues allí que nos presentamos unos cuantos para 'arroparle' un poco y que no todo le fuera hostil.

En los corrillos posteriores a la charla Gregorio nos dejó caer, como quien no quiere la cosa, la posibilidad de participar en alguna actividad más directamente relacionada con la política. Cuestión que me hizo pensar "Este tío tiene más moral que el Alcoyano", porque de ser algo,  lo más normal aquí era ser del PNV.

Seguíamos teniendo contactos más o menos frecuentes y ya en 1994 Gregorio tenía puesta la vista en las Elecciones Municipales y Forales previstas para 1995, el 28 de mayo exactamente. -Esa fecha no la olvidaré jamás-.

El objetivo era presentar listas en el mayor número de municipios y con candidatos locales a ser posible. Tolosa, Beasain, Zumárraga, Andoain, Rentería, Pasajes, Zarautz, Éibar, Mondragón, Bergara…

Le dábamos largas porque sabíamos que si ya era 'complicado' que te relacionasen con el PP si aspirabas a vivir tranquilo, lo de ir en las listas era meterse en la boca del lobo, un lío seguro.

Porque una cosa era decirle a él qué valiente eres, qué bien lo estás haciendo y otra bien distinta era bajar a la arena a jugársela, nunca mejor dicho.

Pues lo de las listas va a ser que no -pensaba para mis adentros-.

Pero llega el 23 de enero de 1995 y ETA asesina a Gregorio cuando comía en un bar de la Parte Vieja donostiarra.

Su asesinato lo pone todo 'patas arriba', lo cambia todo. Ya no se trataba de un me apetece más o me apetece menos. Se trataba de un ¡joder, que han matado a Gregorio!

No podíamos dejarlo así como así.

Por dignidad, por orgullo, por evitar que los que quisieron callarle se salieran con la suya o símplemente por vergüenza torera, no podiamos mirar hacia otro lado, teníamos que dar continuidad a aquel proyecto que Gregorio empezó.

Costase lo que costase.
 
Y sí, lo volvería a hacer.

Añadir un comentario